
Reflexiones de Verano. La educación enfatiza cada vez mas el emprendimiento, el espíritu innovador, el trabajo en equipos y bajo diferentes ambientes. ¿Será suficiente para diseminar los conocimientos que permita aumentar la productividad de los factores de modo que la tasa de crecimiento económico de un nuevo brinco?
La historia nos ayuda a comprender los procesos y etapas por la que han transitado los países. En el siglo XVIII, el de la ilustración, se produce la separación de la fé de la razón permite explicar los fenómenos naturales, sus causas y leyes y la filosofía política que generaría las democracias posteriores. Resultado fue un vertiginoso impulso al progreso de Europa. Joel Mokyr, historiador económico, publicó recientemente The Enlightened Economy, Britain and the Industrial Revolution donde explica porque la revolución industrial se inició en ese país y no en el continente. En éste la ilustración fue esencialmente intelectual, sin gran impacto económico. En Francia, uno de los países mas ricos, dominaba además el pensamiento fisiocrático de Quesney que postulaba que la única actividad productiva era la agricultura. La industria y el comercio no generaban valor.
En Inglaterra en cambio, el pensamiento se desarrolla principalmente en la escuela escocesa. La Riqueza de las Naciones de Adam Smith fue parte de ese proceso que produjo un poderoso impacto económico debido a una característica única de ese país: las numerosas organizaciones locales que reunían a agricultores, artesanos e industriales junto a los científicos para dar una explicación científica a las invenciones basadas en la experiencia y lograr una aplicación práctica a los descubrimientos científicos – la tecnología – dando origen una ola de nuevos bienes y nuevos procesos de producción mas eficientes. Una consecuencia importante fue el fin del mercantilismo que beneficiaba a quienes tenían poder, los gremios y los que hoy llamamos buscadores de rentas y monopolistas. Fueron muy poderosos en el continente pero sin gran relevancia en Inglaterra donde las asociaciones como la Royal Society y Luna Society las superaron al beneficiar a sus miembros con la diseminadores de la tecnología.
¿Y en Chile? Poco o nada. Somos una sociedad aun bajo la pesada herencia española - la exclusión - por la que guardamos celosa y desconfiadamente lo que descubrimos o ideamos frenando la diseminación de los conocimientos y experiencias, retardando el crecimiento económico. Los grupos de transferencia tecnológica y el trabajo de Odepa e Inddap en el sector agrícola son un tímido esfuerzo. La “doctoritis” criolla desprecio el oficio y el estado abandó las escuelas de minas, la de Artes Oficios, dándole categoría de pariente pobre a la educación técnica por dedicarse a producir ingenieros y doctores. Las organizaciones empresariales no cumplen el rol de diseminador de la tecnología.
Es tiempo que las organizaciones empresariales y laborales se unan a la educación para que, a la inglesa, organicen las sociedades locales y dar así un salto en la productividad total de los factores. Hasta el momento no hemos sido ni somos los ingleses de Latinoamérica.
Javier Fuenzalida A.,
Profesor, Universidad Finis Terrae

