
He mencionado varias veces que el mestizaje que llevamos en la piel, aun cuando muchas generaciones – las más cercanas incluso al proceso- renieguen de ello, se manifiesta de diferentes formas todos los días. Los estudiosos indican que en Latinoamérica se acomodó el barroco. De una u otra forma nos abrazamos del rococó y la exacerbación de los decorativos y las buenas formas. No damos las gracias, sino las muchas gracias. El sol no nos da calor sino que nos quema. La comida no está buena, está rica.
Nos gustan los colores, la fiesta, la adoración a lo divino, el canto, los bailes. Los brasileños tienen carnavales, los mexicanos las fiestas, y los demás la gula y otros placeres culposos de la dicha y el buen vivir incluso cuando lo hacemos en nombre de un Dios.
Hoy día poco importa que las nuevas generaciones estén consumidas en un neoromanticismo moderno que los haga sumergirse en la pena. Si son latinoamericanos, su mundo negro tiene destellos exquisitos que permiten el equilibrio y la falta de suicidio masiva o masacre. Nos alejamos de una u otra forma de la europeización y nos convertimos nuevamente en lo que somos, mestizos alegres, crías de lo bueno y de lo malo, hijos de la violencia y el Dios que perdona.
Siempre va a ver alguien que se reía en un funeral, alguien que después de una ruptura piense en comer algo rico. No importa la pena ni los enojos, porque hay risa y baile en las venas. Siempre, queridos, hay twist. Resulta extraño pensar en tanta alegría en estos tiempos, después de un terremoto y con un centenar de gente ansiosa por sacar a sus familiares de la oscuridad en el norte, pero la sangre dicen que tira, por eso el mundo chileno en general busca a cada momento, ocasiones de celebración y alegrías. Es la esencia de todos nosotros, incluso de los que despertamos con la nube sobre la cabeza.
Nos reímos de nosotros mismos, nos abrazamos y tenemos una poco usual capacidad para levantarnos ante las caídas. Quizás el guerrero que llevamos dentro se apiada de cada uno y reaparece con un golpe en la espalda para darnos fuerzas. O tal vez nuestra alma siente la música que hay en todos lados, hasta en los pasos que damos a diario. Esa ligera melodía oculta que se esconde entre toda la música disponible a nuestro antojo. Es hora de disfrutar y llevar el ritmo, porque todo, todo… todo es twist.
Daniela Pérez Valdés
Licenciada en Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile,
Diplomada en Sociología, escritora y poeta.


Todo es Twist
EN ESTAS LINEAS PODEMOS VER EN SINTESIS LA FORTALEZA Y LAS GANAS DE VIVIR Y SEGUIR A DELANTE DE NUESTRO PAIS...DE NUESTRA RAZA... LA ALEGRIA Y ACTITUD CABE EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA....EL TWIST EN CUALQUIER ESTILO....