
Perdimos
20 años en materia educacional. Los
“logros” de la
Concertación fueron negativos: aumento en el gasto del sector
sin mejoras en la productividad y la calidad, inamovilidad de los profesores
con incentivos perversos, implantación dictatorial de los contenidos de los
planes educacionales, falta de iniciativa en la formación pedagógica. La
revolución pingüino desembocó en una comisión que produjo un informe mediocre
porque no se avocó a los problemas de fondo. Mientras tanto, la productividad
total de los factores en Chile se fue deteriorando sistemáticamente,
arrastrando con ello una caída en la tasa de crecimiento económico.
El
programa de Piñera le da a la educación la primera prioridad y esperamos que se
traduzca en una política y planes que ataquen los puntos críticos evitados por la comisión Bachelet. Las
nuevas leyes nada dicen respecto de qué y cómo enseñar. Los pedagógicos imparten modelos que están
lejos de formar buenos profesores. El Ministerio de Educación ha cercenado la
libertad educacional imponiendo las materias que deben enseñarse. Hay que
restablecer la libertad de enseñanza.
Debe Sustituirse el estatuto que le da inamovilidad a los profesores por
otro que premie la
eficiencia. Debe
crearse un mecanismo de reciclaje periódico de profesores y el financiamiento
para quienes deben retirarse. Debe
otorgarse facultades para que sus directores puedan contar con profesores
calificados. Sustituir las escuelas
municipales por corporaciones educacionales privadas siguiendo el modelo de las
existentes exitosas.
Todas
estas medidas producirán sus efectos en los próximos años. Algunas pueden tener efectos inmediatos y
otras a mediano y largo plazo como la formación de pedagogos. Entre las de efectos inmediatos,
complementarias a la educación formal, con impactos sobre la productividad está la capacitación que en Chile es la
pariente pobre y olvidada del sistema educacional. No mas del 15 % de los trabajadores chilenos
(un millón de personas) reciben alguna capacitación cada año, cuando en otros
países como Corea se eleva al 90 %.
El
Sence está en el lugar equivocado. En el
Ministerio del Trabajo a nadie le quita el sueño, mas interesado en mantener la
rigidez del mercado laboral que otra cosa. Debiera se parte del Ministerio de
Economía, responsable por la productividad. Es
probable que un número importante de planes aprobados por el Sence no tengan
impacto productivo. No hay cifras al respecto. Las estadísticas del servicio
indican que una ínfima proporción de los capacitados son trabajadores de las
PYMES porque los incentivos para que esas empresas participen son perversos o
negativos. Mas insignificante aun son los trabajadores que se ubican en el
primer quintil del ingreso porque el sistema no está concebido para las
personas directamente.
Hay
una gran tarea para enmendar el distribuismo negativo de la concertación en
retirada.
Javier Fuenzalida A.,
Profesor, Universidad Finis Terrae