
La sabiduría popular dice “No hay que colocar la carreta delante de los bueyes”. Es lo que está sucediendo con la Educación. Desde los pingüinazos, a la comisión de los 70 expertos, el proyectos de Bachelet y ahora el de Piñera la han colocada delante de los bueyes. Comprensible en los jóvenes inexperto pero imperdonable en los adultos expertos y políticos que en lugar de producir un caballo están pariendo un camello.
En toda iniciativa, la racionalidad nos señala que a partir de una necesidad - la educación – el primer paso es definir que es lo que se debe enseñar. Hecho esto, definimos como se debe educar, buscamos la mejor tecnología, los mejores procesos, las normas más inteligentes, leyes cuando necesarias, el capital a invertir combinado con los recursos humanos – los profesores, la familia y los educandos - para formar jóvenes bien educados, buenos ciudadanos, con claros principios éticos y competentes en su trabajo que les permitan materializar sus aspiraciones.
Las reformas educacionales que se avecinan no han seguido este proceso. Se crearán “agencias burocráticas” para asegurar la calidad de la educación ¿Cuál? si aun ni siquiera se ha determinado lo que debe enseñarse en los pedagógicos. Evaluación e incentivos para los profesores ¿Del mismo nivel mediocre detectado por la prueba INICIA? Mas y mejores termómetros Simce/ PSU para medir milimétricamente lo que ya sabemos que es malo. Y por supuesto la infaltable nueva frondosa la burocracia para manejar los procesos.
Supongamos que todo resultara como lo pretende la reforma. Que los puntajes globales de los Simce y PSU mostraran notorios incrementos, que los de la educación pública se elevaran hasta alcanzar los de las educación privada ¿Habrá mejorado la ecuación en Chile? Categóricamente no, porque al no innovar en lo que se enseña y en cómo se enseña seguiremos siendo colistas en los test internacionales en que participamos, las pruebas Timss, IEA, y PISA. Este proyecto no es mas que es una reforma a la educación pública.
La nueva institucionalidad educacional nada innova respecto de los pedagógicos. El Concejo de Rectores se debate en una discusión bizantina sobre su termómetro, la PSU, y no asume su responsabilidad por la calidad de la pedagogía. El Ministro de Educación no puede o no se atreve a intervenir en las universidades estatales que se escudan en una mal interpretada autonomía universitaria. Las universidades privadas nuevas tampoco han innovado porque no hay incentivos.
Como si no fuera poco el proyecto actual introduce incentivos perversos que penalizan la educación privada. No permite el ejercicio de la libertad de enseñanza al mantener los contenidos de los programas estatales que demandan el 90 % las jornadas escolares. Fuera de ser ilegal, impide la innovación. A lo anterior se agregará la erección de berreras de entrada al doblar el capital exigido para la creación de nuevos colegios particulares, una guerra al emprendimiento, todo por ser mejor que la pública. Don Otto vendiendo el Sofá.
Javier Fuenzalida A.
Profesor, Universidad Finis Terrae

